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Bienestar que se aprende: hábitos que transforman la infancia
Fecha de Publicación: 1/9/2026
Los primeros años de vida son una etapa decisiva. En este periodo, los niños no solo adquieren habilidades académicas, sino que también construyen los cimientos de su bienestar físico, emocional, social y espiritual. Los hábitos que desarrollan en casa y en la escuela se convierten en herramientas que los acompañarán a lo largo de su vida.
Educar para el bienestar es una siembra diaria. Requiere constancia, presencia y coherencia, pero sus frutos son profundos: una infancia vivida con equilibrio, confianza y alegría. El bienestar infantil implica armonizar cuerpo, mente y corazón; aprender a relacionarse consigo mismos y con los demás; y descubrir la importancia de prácticas que favorecen una vida plena. Cuando los niños crecen sobre estas bases, suelen mostrar mayor autonomía, mejor gestión emocional y relaciones más saludables.
Rutinas que fortalecen el bienestar
El establecimiento de rutinas saludables es esencial para el bienestar cotidiano. Dormir bien potencia la concentración, la memoria y el estado de ánimo; por ello, mantener horarios consistentes de descanso les ayuda a enfrentar cada día con energía.
La alimentación equilibrada también desempeña un papel clave. Invitar a los niños a participar en pequeñas tareas, como preparar un snack saludable, fortalece su autonomía y fomenta una relación positiva con la comida. La actividad física diaria —ya sea a través del juego, el deporte o simplemente corriendo al aire libre— contribuye al fortalecimiento del cuerpo, reduce el estrés y promueve la convivencia.
El valor de los hábitos emocionales
En el ámbito emocional, acompañar a los niños a reconocer y nombrar lo que sienten es un acto educativo fundamental. Esta habilidad fortalece su autoconciencia, mejora la comunicación y facilita la resolución de conflictos. Estrategias sencillas como respirar profundo, hacer una pausa o buscar un abrazo pueden ayudarlos a transitar momentos de frustración o enojo.
Expresarse con respeto mediante frases como “me siento… cuando…” promueve una comunicación asertiva y previene reacciones impulsivas.
Convivencia: aprender a vivir con otros
Los hábitos de convivencia constituyen otro pilar del bienestar. Resolver conflictos de forma pacífica, escuchar antes de responder y buscar soluciones en conjunto son prácticas que favorecen relaciones armónicas. La empatía y la amabilidad —manifestadas al compartir, ayudar o agradecer— contribuyen a crear ambientes de respeto. Aprender a pedir perdón y a perdonar fortalece el sentido de responsabilidad y construye vínculos más sanos.
Familia y escuela: una alianza esencial
El acompañamiento infantil se enriquece cuando escuela y familia actúan en sintonía. En el entorno escolar, es posible crear espacios seguros para expresar emociones, integrar la actividad física y el juego a la rutina diaria, y promover valores de convivencia mediante el ejemplo. En casa, establecer horarios claros, fomentar momentos sin pantallas, escuchar activamente y reforzar los valores del colegio crea coherencia y seguridad para los niños.
Semillas para una vida plena
Los hábitos de bienestar no son acciones aisladas, sino semillas que, al cultivarse desde la infancia, florecen en jóvenes más seguros, resilientes y capaces de construir relaciones sanas. Acompañar a los niños en este camino es una responsabilidad compartida entre familia y escuela, pero también una oportunidad invaluable para formar seres humanos que aprendan no solo conocimientos, sino también a vivir con equilibrio, paz y alegría.
Coordinandora de Kinder
Ana Emireth Lezama

